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¡Vuelve a empezar! Reflexiones de economía elemental

Por Luis Guillermo Echeverri Vélez

 

 

 

 

 

 

En una de las tantas veces que en la vida me ha tocado ponerme a aprender algo diferente y cambiar de oficio y actividad, en medio de un panorama personal oscuro y complejo, el Doctor Luis Fernando Echavarría (QEPD) me entregó un sobre con un papel en el que decía:

“Vuelve a empezar:
Aunque sientas cansancio,
Aunque el tiempo te abrume,
Aunque el dolor te lastime,
Aunque un negocio te quiebre,
Aunque una traición te hiera,
Aunque una ilusión se apague,
Aunque el dolor queme tus ojos,
Aunque ignoren tus esfuerzos,
Aunque la ingratitud sea el pago,
Aunque la incomprensión cambie tu risa,
Aunque todo parezca nada,
… vuelve a empezar”.
(autor desconocido)

Muchos no lo han entendido aún, no caen en cuenta de lo que ya pasó. Esto que vivimos es como luchar contra la fuerza de la gravedad cuando uno se cae del caballo, una caída tan vertiginosa no la para sino el suelo. Y para levantarse, hay que caer, apoyarse en el piso, pararse y volver a empezar.

Se habla de salvar la Economía. ¡Bueno! Siempre hay que luchar por “hacer posible lo imposible”. Yo no estoy tan seguro de que sea tan posible rescatarla, como si creo que hay que volverla a reconstruir, que los negocios se van a tener que reinventar y que, si nos unimos todos como nación, el espíritu de emprendimiento se volverá a subir al caballo del progreso.

Colombia debe seguir al presidente y confiar en su liderazgo y sus valores. Hay que apelar a la sensatez salir del camino equivocado de la ilegalidad y evitar ese oportunismo protagonista que caracteriza nuestra decadente dirigencia institucional.

Conociendo a cada uno de “los gallinazos que se asientan en las tapias y revuelan por encima de este humilde matadero”, no me quiero imaginar un proceso de reconstrucción económica en un año de elecciones. Hoy lo que vivimos nos anuncia que, si no nos anticipamos al cambio y de manera responsable y sensata no reconstruimos con valores, los fundamentos de esta sociedad, si no volvemos a empezar cambiando todo aquello que está mal, las cosas siempre son sujeto de empeorar.

Hoy tenemos un presidente honesto, responsable, integro, trabajador e inteligente, que lee, investiga hasta la saciedad, que se preocupa por los indefensos, y tenemos un ministro de hacienda que comprende las magnitudes del problema y las características de nuestra nación, nuestra geografía y nuestra economía, un hombre con los huevos rayados, lidiador de muchas dificultades y que tiene ahora en sus manos el reto más grande que pueda tener un ministro de economía y finanzas.

Gracias a los colombianos de bien, en 2018 no caímos en manos de una propuesta lisonjera populista o clientelista y de otro estupro electoral como el que vivimos entre 2010 y 2018. Es nuestra obligación patriótica y social, apoyar de manera decidida e incondicional al presidente y al ministro de hacienda.

Hay que agradecer que en la tarima mediática nacional parece haber un llamado solidario a la unidad. Parce que hay una nueva cochada de comunicadores que no tienen los resabios y las mañas de los que mentalmente se rayaron dividiendo. Pero de seguro no demoran en aparecer toda suerte de culebreros políticos a esgrimir formulas y ofrecer pomadas mágicas, y no faltarán los oportunismos insensatos encabezados por los cacareos de las mismas culecas de siempre y una que otra, recién aparecida.

La realidad es que la supervivencia de empleos y negocios es una función directa de dos factores que se representan en la naturaleza del negocio y la liquidez. Se sobrevive en función de la duración de la caja y los ahorros líquidos y la capacidad de generación de caja por estar en un sector estratégico. El gobierno pude ayudar mucho y lo está haciendo, pero la realidad es que esto se puso color de hormiga y no hay “Fórmula mágica, Santo, Brujo, Chamán, Doctor o Tegua” que pueda evitar lo que ya nos ocurrió en materia humana y económica.

Sin hablar de la tragedia humanitaria que ya empezamos a vivir y que me parte el corazón, en materia económica estamos ante la dificultad de tener que elegir entre, negocios que pueden sobrevivir y negocios que, o se reinventan o se transforman en nuevos negocios o actividades económicas con otra forma de operar o ya no existen más en esta economía. Y otro tanto le va a pasar al Estado que, o se pone a dieta y elimina la grasa y la reemplaza por músculo, o deja el país en la miseria e incapaz de recuperarse.

Para poder reconstruir una economía hay que poner el cumplimiento de las obligaciones cívicas por delante del reclamo a los derechos individuales. Nuestra forma política de operar en las tres ramas del poder, parlamento, cortes y ejecutivo, y en los entes de control, no aguanta un soplido si siguen trabajando a los niveles de ineficiencia e ineficacia a los que nos sometió el modelo ultra-garantista de la constitución del 1991 y la insensatez individualista con la cual hemos permitido actuar al liderazgo nacional y regional.

Sin transformación y reingeniería institucional la democracia fracasará a manos del venenoso asedio oportunista. Sin duda, vamos a tener que sufrir para encontrar una nueva estabilidad balanceada en todos los aspectos de nuestras vidas y nuestra interacción o convivencia. Ya quiero ver yo a los socialistas, comunistas y a todos los bandidos de siempre, administrando pobreza. Porque su discurso irresponsable solo es válido mientras puedan decir que ellos van a disponer de la abundancia ajena, que al final del día es la única forma de generar empleos.

En mi entender de simple agricultor, y no quiero ser aguafiestas, no encuentro la explicación para que alguien diga que aquí no hay recesión. ¿Será que no hay signos claros que apuntan derecho a una gran depresión global? Entramos en un estado calamitoso del que solo nos pueden rescatar, nuestra vocación trabajadora, creativa y emprendedora, la explotación responsable de los inmensos recursos minerales que tenemos y la transformación a partir de la convergencia tecnológica, si es que queremos conservar toda esa hermosa diversidad tropical de que tanto habló la reciente comisión de sabios en su reporte de fin de año.

El problema es diferente señores. Yo prepararía todo: logística, económica y militarmente, para una gran catástrofe. ¿Por qué? Pues porque para mí, las variables que rigen esta crisis global son todas exógenas, y están lejos de la capacidad de acción de nuestras instituciones. Total apoyo al gobierno en sus decisiones. El presidente es el capitán de la nave en esta tormenta, por una vez obedezcamos como lo han hecho los asiáticos y no pretendamos decirle todos, todo el día al gobierno lo que tiene que hacer y lo que no.

Muchos de estos analistas y “receteros” económicos de profesión político, que ya empezaron esta semana con su culeco cacareo, no son los líderes que requiere una crisis, son burócratas que han tenido toda la vida el sueldo asegurado y fuera del servicio doméstico jamás han tenido que sufrir angustias y sobregiros para pagar la nómina.

En un sentido figurativo, podemos decir que hace ya más de tres meses, pienso que accidentalmente, “explotaron en cadena y silenciosamente dos bombas de efecto global retardado, pero con la letal característica de destruir selectivamente a los más débiles”. Una bomba genética que desató una emergencia sanitaria pandémica que a la vez causó un efecto económico negativo, que fue agravado por un pánico colectivo en un mundo interconectado. Situación en la cual, las pesadas e inoficiosas instituciones u organismos internacionales y los mismos gobiernos occidentales, no contaron con la capacidad de anticiparse a tomar algunas medidas preventivas contra lo inevitable. Y claro, la evidencia histórica demuestra que el mundo nunca está lo suficientemente preparado para evitar una pandemia.

Nada sacamos con culpar a los gobiernos, ni mucho menos a Asía o a la China, cuando ellos también son humanos y están sufriendo las consecuencias que se pagan con la pérdida de vidas y el colapso de las economías. Son precisamente los asiáticos con su cultura de respeto, disciplina y obediencia de quienes tenemos que aprender y cambiar de manera más cívica y sensata nuestro comportamiento cultural.

Es muy importante entender los efectos que tienen en nuestros países, en las poblaciones, las economías, los estados e instituciones, esas variables exógenas globales y los dos hechos cumplidos anteriormente descritos. Veníamos en el mundo financiero y económico, entrando lentamente en un ciclo recesivo que parecía llevadero y en el cual era complejo medir los impactos del reciente cierre del círculo virtuoso de la convergencia tecnológica, que trasladó al mundo, de la celeridad de los cambios en la era digital y su efecto global en nuestras vidas, al mundo aún desconocido de la era genética, en la cual el ser humano pasa a tener conocimiento y control sobre la vida misma. Y justo en ese momento se desata una pandemia de características complejas que agarra a la humanidad entera desprevenida y sin estar preparada para este tipo de catástrofes.

Colapsó una gran parte de la movilidad global indexada a los precios del petróleo. El aislamiento chino y asiático, causado por el virus provocó de inmediato una caída de la demanda China de hidrocarburos y relacionados equivalentes a 1/3 de la demanda global. Esto a su vez causó que “el referente económico de la movilidad mundial, léase precio del petróleo, sufriera un choque que desplomó el balance de los precios, y se estima que la recuperación de estos no es un asunto del corto plazo, pueden pasar hasta 18 meses o más para que vuelvan los mercados de crudos a niveles aceptables de modo que pueda haber un mercado balanceado de oferta y demanda, y ello sin consideración de los juegos geopolíticos que estamos observando. Hoy se reportan daños irreparables en las bolsas que determinan el valor de las empresas, una demanda global de bienes y servicios que ya cayó en un 40% o más y una perdida masiva de empleos (6 millones de aplicaciones formales de desempleo la semana pasada en los Estados Unidos con una estimación de pérdida de empleos que puede ascender vertiginosamente a 20 millones de puestos de trabajo perdidos en la principal economía del mundo). Se pararon las fábricas, los aviones, los carros, los metros, los cruceros, los buses y los trenes.

En medio de lo anterior la OPEC-Plus, perdió al menos temporalmente su capacidad estabilizadora. De forma abierta el nuevo regente saudita anunció sin consultar en su región un irresponsable aumento de producción al cual se sumó de forma impredecible Putin, causando entre ambos un choque negativo por expectativa de sobreoferta que acelero el colapso de los precios de los hidrocarburos. Las probabilidades de un acuerdo de restricción a la producción global balanceado sobre bajas por factores políticos globales y del mediano Este, apenas empiezan a vislumbrarse pues la baja en precios y en demanda es tan aguda que parece obligar a nuevas conversaciones y acciones que nos lleven a reducciones de oferta en búsqueda de la supervivencia de la compleja y costosa industria petrolera.

Colapsó la confianza que es el combustible de las economías, mercados financieros e inversión. La situación crítica de la energía y la movilidad hace que se hayan inviabilizado totalmente muchas empresas del sector, unas ya quebraron y otras luchan por sobrevivir. Esto trasladó un efecto negativo a los mercados financieros y estos a las economías de los países que como se dijo, vivían ya un ciclo recesivo leve pero que de repente en un mundo totalmente interconectado por las comunicaciones digitales, colapsó la confianza económica, detonada por el pánico global que representó el anuncio de las características inciertas de la pandemia para la cual no existe aún una vacuna y la inminente insuficiencia de los sistemas de salud en todos los países.

¿Que nos queda? Enfrentar lo que se venga con valentía y estoicismo, unidad, valores humanos, solidaridad, apelar a lo mejor que tengamos todos por dentro y al conocimiento científico y tecnológico que hemos adquirido, a la laboriosidad y creatividad y ayudarnos unos a otros para volver a empezar.

LGEV/ Abril 4, 2020

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