La desunión entre líderes locales pone en riesgo la representación regional en el OCAD PAZ
En momentos donde la paz aún es un proceso en construcción, el departamento de Norte de Santander enfrenta una situación desconcertante: su única candidata al OCAD PAZ, Diomara Montañez, está siendo marginada por sus propios colegas. La alcaldesa de Sardinata, figura visible del liderazgo femenino en la región, no ha recibido el respaldo unánime de los alcaldes del Catatumbo, quienes habrían optado por apoyar a candidatos de otras zonas del país.
Esta postura ha sido duramente criticada por la sociedad civil, analistas y defensores de la equidad, quienes ven en esta decisión una peligrosa mezcla de cálculos políticos, falta de identidad regional y rezagos de una cultura machista que aún subestima el papel de la mujer en la política.
Diomara Montañez ha demostrado un compromiso firme con el desarrollo local, incluso enfrentando circunstancias personales dolorosas como la retención de su padre. Su trabajo en Sardinata ha sido reconocido por su enfoque en la reconciliación, la inversión social y el fortalecimiento institucional. Sin embargo, su esfuerzo no ha sido suficiente para garantizar la lealtad de sus pares.
El Gobernador William Villamizar permanece en silencio. No ha emitido una declaración oficial, lo que para muchos es una omisión grave en un momento donde se requiere una voz fuerte que exija respaldo para lo propio. Algunas fuentes indican que aún hay margen para un giro, pero el tiempo se agota.
Esta desunión pone en juego más que una elección. La capacidad del Catatumbo para incidir en las decisiones que afectan directamente a sus comunidades depende de contar con representantes que conozcan el territorio y sus necesidades. ¿Por qué ceder ese espacio a otros?
La indiferencia de algunos alcaldes podría convertirse en una decisión costosa para toda la región. El Catatumbo no puede permitirse perder más oportunidades.
