Ayer Medellín no fue a un bar. Fue a un acontecimiento.
En @playaaltasports, el Sports Bar Playa Alta de los hermanos Escobar y John Echavarría, el público se desbordó para el reencuentro de Jorge Ramírez —ganador de la primera temporada de Yo me llamo de Caracol Televisión, el hombre que le devolvió la voz de Rafael Orozco a una generación— con la gente que lo sigue llamando, lo canta y lo pide como si el ídolo nunca se hubiera ido.
La consigna quedó clara desde la entrada: si yo me llamo Playa Alta.
Llegaron tantas personas que el licor se acabó. No es metáfora. Se agotó. Tocó vender papelón para que la gente pudiera seguir cantando con el artista. El escenario, el balcón, las mesas, el césped, los barriles y hasta la acera se convirtieron en un solo coro. Acordeón, tambora, micrófono y un corazón rojo inflable colgando sobre la tarima: vallenato vivo, no de playlist.
En el público y en el palco de honor se vieron caras que no llegan a cualquier inauguración de barra. Jairo Martínez, de los primeros jurados del programa de Caracol. Jorge Botero Luján, el artista detrás del monumento a James en el Atanasio Girardot. Faustino Asprilla. Jhon Jairo Tréllez. Y un desfile de personalidades de la farándula latinoamericana que entendieron de inmediato el concepto: esto no es un bar más de Laureles. Es un lugar con ocho salas VIP privadas y un espacio de eventos que, en la capital antioqueña, no tiene réplica fácil.
Playa Alta y EscoBAR ya no son solo letrero de neón. Son el punto donde el deporte, la rumba, la comida y la música en vivo se cruzan sin pedirle permiso a nadie. Anoche el cruce fue Orozco, papelón, acordeón y una ciudad que todavía sabe cantar cuando le ponen el tema correcto.
Quien no alcanzó mesa, alcanzó estribillo. Quien no alcanzó trago, alcanzó coro. Y quien sí llegó, ya sabe a qué huele un sábado cuando Medellín decide que el evento es mundial… aunque quepa en una cuadra de la 33.
Yo me llamo Playa Alta.
Laureles, calle 33 #83-27.
Los hermanos Escobar y John Echavarría.
