EPM: el oscuro propósito de Daniel Quintero y su viciada junta directiva

Llegar al cargo administrativo más importante de cualquier territorio, concede al ungido por el poder popular, ciertas responsabilidades contractuales que otorgan derechos y deberes en orden de constituir la base de un sistema próspero encaminado hacia el desarrollo integral de todos los sectores y su ciudadanía.

Sin embargo, en este caso particular, el de Daniel Quintero, joven político que, contra todos los pronósticos llegó a ocupar el pasado 27 de octubre el despacho más codiciado del municipio, el piso 12 de la Alpujarra, ha dejado ver que el poder obnubila una vez puedes “tocarlo” y que, en efecto la inexperiencia tarde o temprano, pasa factura.

Decisiones del burgomaestre que han puesto en jaque la economía de esa región del país y han dejado un sabor amargo, en los que hasta ahora se empiezan a dar cuenta, de que no era tan “independiente” como él mismo se autodenominaba, y que sus iniciativas “progresistas” también tienen un trasfondo mezquino y calculador, que se traduce, al igual que el de los otros políticos tradicionales , en la satisfacción de sus propios intereses.

La renuncia en pleno de la junta directiva, por su posición de no acompañar al primer mandatario local en su decisión de demandar al consorcio constructor de la que sería la hidroeléctrica más grande de Colombia, Hidroituango, despertó un malestar generalizado entre los gremios mercantiles de la ciudad quienes argumentaron que Daniel Quintero había ignorado todas sus recomendaciones avezadas en materia comercial y energética. Literalmente, “se los había pasado por la faja.”

Sin embargo, como el típico político frívolo y calculador, Quintero Calle no sería la excepción a la regla y el nombramiento de los nuevos miembros de la junta directiva obedecería a que, como en el ajedrez, movería sus fichas en el juego para disponer y conseguir el respaldo necesario para que sus objetivos llegasen a feliz término.

Por medio de un comunicado, el grupo sindicalista perteneciente a Empresas Públicas de Medellín (SINPRO), expresó su preocupación a lo que podría consolidarse como un posible conflicto de intereses con el nombramiento a dedo del nuevo comité ejecutivo de EPM.

La vigencia actual para la construcción de Hidroituango está prevista para que finalice el próximo 31 de diciembre, por lo que existe el riesgo de que se presenten mayores retrasos y ante la declaración de urgencia manifiesta, se le asigne la terminación del megaproyecto a nuevos contratistas, como la CTG (China Three Gorges Corporation), empresa que había estado solicitando y recibiendo información, y que por mandato expreso del alcalde Quintero, ya se le estaría entregando.

“Sino se llega a una conciliación no por acción legal sino por otros medios y terminan el 31 dicembre ese contrato, sin tiempo de hacer una licitación abierta para nuevos contratistas, es muy probable es que se le esté entregando a dedo a este compañía China” agregó Olga Lucía Arango, presidenta del sindicato de trabajadores de EPM.

Es entonces evidente que la decisión del alcalde Daniel Quintero de truncar las negociaciones conciliatorias con el consorcio constructor original, e irse directamente por la vía legal, obedecería a un propósito con intenciones “ocultistas”, en orden retrasar el proceso y evitar la etapa de una licitación internacional transparente, aduciendo el riesgo inminente de mayores y posibles retrasos en las obras, lo que resultaría en la adjudicación inmediata y a dedo de la ya conocida, China Three Gorges Corporation.

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