En un operativo relámpago que reveló una grave falla ambiental, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) puso el “tatequieto” en una curtiduría del municipio de Chocontá.
Los hechos ocurrieron en la vereda Chingacio, donde técnicos de la entidad y uniformados de Carabineros de la Policía captaron en flagrancia cómo el establecimiento descargaba aguas residuales industriales, cargadas de químicos para el tratamiento de pieles, directamente a las aguas del río Bogotá sin ningún tipo de filtro.
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Lo más escandaloso del caso, según informó la autoridad ambiental, es que la empresa sí contaba con una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) y un permiso legal de descarga. Sin embargo, los “avivatos” decidieron saltarse la norma y habilitar un punto de descarga ilegal a 40 metros del autorizado.
Pruebas de laboratorio confirmaron que los líquidos tóxicos no pasaban por la planta de tratamiento, impactando severamente tanto el suelo como la cuenca del río Bogotá, el caudal de agua más importante y monitoreado de la región.
Con la suspensión inmediata de la actividad de vertido, la curtiduría se enfrenta ahora a un duro proceso sancionador que podría incluir multas millonarias y el cierre permanente.
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